Hommages ramifiés

pour quinze instrumentistes

 

El homenaje múltiple constituye la idea central de este conjunto de piezas que han sido compuestas para la emisión del programa de radio Alla breve de France musique. En cada una de estas piezas, diversos artistas son homenajeados al mismo tiempo, y son puestos en relación por nexos de muy diversa índole. Este trabajo obedece principalmente a una libre y espontánea asociación de ideas, que se impone a veces de un modo casi irracional. De hecho, en algunos momentos la ramificación se produce aquí de manera imprevisible, casi como un acto fallido. Se trata, desde luego, de una “música impura”, en la que las alusiones entrelazadas abarcan campos artísticos diversos, y en la que no se elude lo que pudiera haber de naïf en toda traslación de unos medios artísticos a otros.

À mon Poe
No es sólo un juego de palabras lo que une a Frederic Mompou y Edgar Allan Poe en el primero de los homenajes. Están también unidos por las campanas, las del relato titulado El diablo en el campanario y las de la fábrica de campanas de los abuelos de Mompou; y también las que pueblan la propia música de este último, cuyo acorde metálico inspira el material armónico de esta primera pieza. El homenaje se ramifica en su transcurso de modo imprevisible, y por un momento alcanzamos a escuchar en el violín del diablo algo de una danza de Rachmaninov, y más tarde, una alusión a la colección de relojes de L’heure espagnole. Las campanas, cuyo sonido Mompou acostumbraba a mostrarnos en la mayor soledad sonora, acaban siendo tocadas aquí con frenesí y locura, y todo se vuelve caótico. El lector conocedor del relato de Poe advertirá sin duda la naturaleza programática de la pieza.

Nebelstück
Un pequeño descuido me hizo pensar erróneamente durante algún tiempo que las Nebenstücke —piezas al lado de— de Gérard Pesson eran piezas de niebla, lo cual me parecía bonito además de apropiado. El error estaba en realidad inducido por una única letra, y de aquí surge mi idea de componer una Nebelstück a la manera de Pesson y en su homenaje. El otro homenajeado aquí es Francis Poulenc, y en efecto, al oyente le parecerá que detrás de esta pieza está su música. Pero la niebla es aquí realmente espesa, pues lo que se ha hecho no es un filtrado de una obra suya —como hizo Pesson con Brahms y con Bruckner—, sino de un homenaje a Poulenc que yo mismo escribí para piano hace ya 15 años. Para el oyente, este referente, transformado por una orquestación nada convencional, podría adivinarse como una pieza de Poulenc que nunca existió; en mi memoria, es como una pieza de repertorio.

Madonna nostalgica
En la película Nostalghia de Andrei Tarkovski aparece la Madonna del parto de Piero della Francesca, pintura que además inspiró a Gérard Grisey L’Icone paradoxale. El paralelismo del gesto de la virgen que se entreabre el vestido con el de los ángeles abriendo el cortinaje y descubriendo la figura de la propia virgen sugiere a Grisey el infinito, y él lo proyecta en su composición por medio de la imbricación de temporalidades musicales diferentes, a la manera de las matrioskas rusas. Siguiendo un procedimiento de esta naturaleza, en este homenaje se toma un pequeño fragmento del Requiem de Verdi, omnipresente en la citada película de Tarkovski, y el pequeño pasaje, más o menos dilatado o comprimido en el tiempo, se adapta a siete temporalidades diversas conformando así siete estratos polifónicos. La modificación de la dimensión horizontal del pasaje está asimismo acompañada de una dilatación o contracción vertical, es decir, de los intervalos, lo que da lugar a armonías insólitas. Los siete estratos están dispuestos según una estructura fractal en la que la sección áurea de todos —y el clímax— coincide en un mismo punto. Della Francesca, Tarkovski, Grisey y Verdi se reúnen así en un homenaje particularmente ramificado.

Concerto à Port Lligat
De nuevo se aplica en esta pieza la dilatación horizontal y vertical de un fragmento musical preexistente. Se trata ahora de los acordes que abren el Concierto breve de Xavier Montsalvatge. Aquí estos acordes modificados aparecen en el piano flanqueados por clusters y glissandi, como si el pianista estuviera poseído por una cierta locura daliniana. La música resulta a la vez trastornada y luminosa, y diríase de ella que tiene algo inequívocamente mediterráneo. Las aguas parecen calmarse al final y se escucha de fondo un acorde, resultado de combinar verticalmente las notas de cierto motivo de corno inglés que aparece en el citado Concierto breve. Se trata de un motivo que yo siempre asocié de un modo instintivo a la luz de Cadaqués, y que Montsalvatge utiliza también en su Folia daliniana. En el seno de este acorde se puede escuchar también el inicio de Tristán e Isolda (¡Cuántas veces lo habrá escuchado Dalí en Port Lligat a través de un tocadiscos!). Se oye sólo hasta la irrupción del primer acorde de la ópera, pero parece que la luz mediterránea le hace sufrir una reacción química, trocando su tritono por cuarta justa.

Tramonto in un portagioie
La dimensión pictórica de este último homenaje resulta muy nítida, y se manifiesta en una clara combinación de figuras sonoras dispuestas sobre un fondo. Esta manera de pensar la música en términos pictóricos y espaciales debe mucho en mi caso al pensamiento y obra de Salvatore Sciarrino. Pero también existe aquí un referente pictórico: el de Yves Tanguy. Curiosamente, los espacios poblados por figuras extrañas de aspecto biomorfo que aparecen en cuadros suyos como Le soleil dans son écrin me hacen pensar también en Sciarrino, por cuanto en su música puede haber de ambientes sonoros extraños poblados de organismos que se reproducen con leves mutaciones. Se trata sin embargo de una asociación espontánea y puramente personal que posiblemente ni el propio compositor compartiría. En esta pieza se oye de fondo un plato suspendido tocado sobre un timbal que realiza un glissando, como en el Tramonto de la Aspern suite de Sciarrino. Pero a diferencia de cómo lo encontramos allí, aquí constituye un único gesto de lenta evolución, que dura toda la pieza; un paulatino cambio de color que se asemeja al oscurecimiento progresivo del fondo de la citada pintura de Tanguy.

Carlos Fontcuberta

 

Hommages ramifiés

pour quinze instrumentistes

L’hommage multiple constitue l’idée principale de cet ensemble de pièces qui ont été composées pour l’émission du programme de radio Alla breve de France Musique. Chacune de ces pièces rend hommage à plusieurs artistes en même temps, et ils y sont mis en rapport à travers des liens de différente nature. Ce travail obéit principalement à une association d’idées libre et spontanée qui s’impose parfois d’une façon presque irrationnelle. En fait, dans certains moments la ramification se produit ici d’une manière imprévisible, presque comme un acte manqué. Il s’agit bien sûr d’une « musique impure », où les allusions entrelacées comprennent des champs artistiques divers, et dans laquelle on ne rejette pas ce qu’il pourrait y avoir de naïf dans tout transfert entre des moyens artistiques différents.

À mon Poe
Ce n’est pas seulement un jeu de mots ce qui unit Frederic Mompou et Edgar Allan Poe dans cette première pièce. Ils sont aussi liés par les cloches, celles du récit intitulé Le diable dans le beffroi et celles de l’usine de cloches des grands-parents de Mompou ; et aussi celles qui peuplent la propre musique de ce dernier, dont l’accord métallique inspire le matériau harmonique de ce premier morceau. L’hommage se ramifie dans son parcours d’une façon imprévisible, et pour quelques instants ont arrive à entendre, joué par le violon du diable, un petit fragment d’une danse de Rachmaninov, et plus tard, une allusion à la collection d’horloges de L’heure espagnole de Ravel. Les cloches, dont le son nous montrait d’habitude Mompou dans la majeure solitude sonore, ici sont jouées à la fin avec frénésie et folie, et tout devient chaotique. Le lecteur connaisseur du récit de Poe remarquera sans doute le caractère programmatique de cette pièce.

Nebelstück
Une petite confusion me fit penser de manière erronée pendant quelque temps que les Nebenstücke —pièces à côté— de Gérard Pesson étaient des pièces de brouillard, ce qui me semblait aussi beau qu’approprié. L’erreur fut en vérité induite par une seule lettre, et d’ici surgit mon idée de composer une Nebelstück à la manière de Pesson et en son hommage. L’autre artiste auquel on rend hommage ici est Francis Poulenc, et en effet l’auditeur pourrait avoir l’impression que derrière cette pièce se trouve sa musique. Mais le brouillard est certainement épais ici, car ce qui a été fait cette fois-ci n’est pas un filtrage d’une de ses œuvres —comme Pesson fit avec Brahms et Bruckner—, mais d’un hommage à Poulenc que j’avais écrit moi-même il y a déjà 15 ans. Pour l’auditeur, ce référent, transformé par une orchestration pas du tout conventionnelle, pourrait être deviné comme une pièce de Poulenc qui n’a jamais existé ; dans ma mémoire, c’est comme une pièce de répertoire.

Madonna nostalgica
Dans le film Nostalghia d’Andrei Tarkovski apparaît la Madonna del Parto de Piero della Francesca, la peinture qui inspira d’ailleurs Gérard Grisey lorsqu’il composa L’icone paradoxale. Le parallélisme entre le geste de la vierge entrouvrant sa robe et celui des anges qui ouvrent le rideau en découvrant la figure de la vierge suggère à Grisey l’infini, qu’il projette dans sa composition à travers l’imbrication des temporalités musicales différentes, à la manière des matrioskas russes. Suivant un procédé de cette même nature, dans cet hommage on prend un petit fragment du Requiem de Verdi, omniprésent dans Nostalghia, et le petit passage, plus ou moins dilaté ou contracté dans le temps, s’adapte à sept temporalités diverses conformant de cette manière sept couches polyphoniques. La modification de la dimension horizontale du passage s’accompagne aussi d’une dilatation ou contraction verticale, c’est-à-dire des intervalles, ce qui donne lieu à des harmonies insolites. Les sept couches sont disposées selon une structure fractale où la section d’or de toutes —et leur climax—  coïncide sur un même point. Della Francesca, Tarkovski, Grisey et Verdi se réunissent ainsi dans un hommage particulièrement ramifié.

Concerto à Port Lligat
Encore une fois, on fait appel dans cette pièce à la dilatation horizontale et verticale d’un fragment musical préexistant. Il s’agit maintenant des accords qui ouvrent le Concierto breve de Xavier Montsalvatge. Ici ces accords modifiés apparaissent au piano flanqués par des clusters et des glissandi, comme si le pianiste était possédé d’une certaine folie dalinienne. La musique résulte à la fois turbulente et lumineuse, on dirait qu’elle a quelque chose de caractéristiquement méditerranéen. Les eaux semblent se calmer à la fin et l’on entend un accord de fond, qui est le résultat de combiner les notes d’un certain motif du cor anglais qui apparaît aussi dans le Concerto breve. Il s’agit d’un motif que j’ai toujours associé de façon instinctive à la lumière de Cadaqués, et que Monsalvatge utilise aussi dans sa Folia daliniana. Au sein de cet accord on peut écouter aussi le début de Tristan et Yseult (Combien de fois Dali aura dû l’écouter à Port Lligat sur un tournedisques !). On entend seulement jusqu’à l’irruption du premier accord de l’opéra, mais il parait que la lumière méditerranéenne lui fait subir une réaction chimique, troquant son triton par quarte juste.

Tramonto in un portagioie
La dimension picturale du dernier hommage résulte assez nette, et elle se manifeste par une claire combinaison des figures sonores superposées sur un fond. Cette manière de penser la musique selon des notions picturales et spatiales doit beaucoup, dans mon cas, à la pensée et l’œuvre de Salvatore Sciarrino. Mais ici il y a aussi un référent pictural, celui d’Yves Tanguy. Curieusement, les espaces peuplés des figures étranges d’aspect biomorphe qui apparaissent dans des tableaux tels que Le soleil dans son écrin me font aussi penser à Sciarrino, du fait que l’on peut retrouver dans sa musique des ambiances sonores étranges et peuplées d’organismes qui se reproduisent avec de légères mutations. Il s’agit pourtant d’une association spontanée et purement personnelle, que peut-être le compositeur lui-même ne partagerait pas. Dans cette pièce on écoute comme fond une cymbale suspendue jouée sur une timbale qui fait un glissando, de même que dans le Tramonto de l’Aspern suite de Sciarrino. Mais contrairement à comment elle est utilisée là-bas, ici elle réalise un seul geste d’une lente évolution, qui dure la pièce entière ; un changement progressif de couleur qui ressemble à l’obscurcissement progressif du fond du tableau de Tanguy.

Carlos Fontcuberta